Hola
me llamo Andrés, tengo 8 años. Vivo en una casa al sur de Alicante rodeada de
árboles con mi tío, mi tía y mi primo Alfredo. Desde la ventana de mi
habitación veo unas montañas enormes y un gran lago. Me gusta mucho jugar con
mis amigos a la pelota y también ir al colegio, pero lo que más me gusta del
mundo es leer con mi tío. Mi tío es un hombre listo, bajo y con un bigote
gigantesco, le gusta vivir aventuras y tiene en su poder la llave de un viejo baúl
con mucho polvo. Mi tía siempre dice que lo va a tirar, pero lo que ella no
sabe es que es mágico, tiene en su interior un tesoro.
Todos
los días después de cenar mi tío me dice al oído para que nadie lo escuche:
-
Andrés, cuando terminemos de recoger la
mesa subiremos al desván.
Y
sin quererlo me aparece una sonrisa en la cara más grande que su bigote.
Cuando
terminamos subimos rápidamente al desván. Mi tío saca la llave que lleva
siempre consigo, abre el baúl y es como si el tiempo se detuviera, dentro hay
un millón de libros con un millón de aventuras esperando a ser leídas, son de
todos los colores y tamaños posibles. Siempre me dice que escoja, yo elijo uno
al azar porque sé que todos me llevarán a lugares increíbles y, mi tío intrigado
por saber el que he escogido lee el título: “Una aventura inolvidable”. Mi tío
comenzó a contarme la historia que hay en su interior, yo me quedo asombrado y,
cuando llega a su final me quedo con ganas de saber más sobre la historia. No
me lo podía creer, ¡era el mejor libro que podía haber elegido!
Al
día siguiente, cuando me levanté fui rápidamente a la habitación para hacerle preguntas
sobre la historia que me había leído la noche anterior, pero ya no estaba allí,
la habitación estaba ordenada y no había rastro de mi tío ni de mi tía. Baje al
comedor y allí encontré a mi tía en el sillón escuchando la radio, mi tío
estaba en la cocina agachado en el suelo buscando algo. Entré y él me miró con
cara de preocupación y nerviosismo, rápidamente le pregunté qué pasaba y él me
contestó:
-
Andrés no encuentro la llave, anoche
después de leer en el desván, la dejé en la mesita de noche y no la he vuelto a
ver.
En
ese mismo instante pensé que los sospechosos podían haber sido los duendes
mágicos, la furgoneta roja fantástica, la vecina malvada, el gato Misifú, el
árbol encantado, es decir, todos los personajes del maravilloso baúl de cuentos
de mi tío, pero los principales sospechosos eran mi tía y mi primo Alfredo. Sólo
ellos estaban fuera del baúl cuando la llave desapareció.
Decidí
junto con mi tío comenzar la investigación para encontrar a la persona que nos
había hecho desaparecer la llave. Lo primero que hicimos fue buscar pruebas, subimos
a la habitación de mi tío y nos dirigimos a la mesita de noche, allí no había
nada pero en el suelo alguien se había olvidado de quitarse los zapatos para
entrar a la habitación. Las huellas eran de una bota, pero mi tía y mi primo
tenían botas así que seguimos las huellas, estas llevaban a la nevera de la
cocina y después al comedor allí acababan en el sofá que hay frente a la
televisión. Buscamos por alrededor del sofá, por debajo, quitamos los cojines y
hallamos una carta, rápidamente la abrimos y había dibujado un mapa, hicimos
todo lo que nos decía: situarnos a la entrada de la casa, dar 20 pasos hacia el
este, llegar a la piedra gigante y cavar un hoyo. No os podéis imaginar lo que
había en el hoyo, pero yo pensaba en la persona que se había molestado en hacer
todas esas pruebas, solo podía ser mi primo Alfredo. Él era el único que había
estado en el ordenador la tarde anterior, había escondido la carta en el sofá
ya que había visto la televisión y esta mañana había estado en el pequeño
bosque porque le había pedido permiso a mi tía. ¡Todo cuadraba!
Volvimos
a la casa y encontramos a mi primo Alfredo encerrado en su habitación, después
de un par de horas esperando en su puerta nos abrió con lágrimas en los ojos,
se le veía muy triste y nos dijo:
-
Papá, Andrés yo tengo la llave y he hecho
todas esas cosas, estaba muy enfadado, todas las noches estáis leyendo y yo me
quedo solo.
Mi
tío le contestó:
-
Alfredo, tranquilo a partir de ahora
subiremos todos juntos a descubrir todas las aventuras.
A
la hora de la cena mi tío, mi primo y yo subimos al desván para leer muchísimos
más cuentos.
Colorín colorado este cuento ha acabado.